14 de julio de 2017

Interpretación de la Obra de Jorge Torres por Ernesto Ríos Rocha


Jorge Enrique Torres Blanco

La obra del pintor bogotano Jorge Torres (1962), ha sido analizada cuidadosamente por sociólogos, críticos de arte y docentes de arte entre otros intelectuales. Hoy veremos apartes de la interpretación que realizó hace algunos años el artista mexicano Ernesto Ríos Rocha, notable por el trabajo en torno a los murales, compositor, poeta y escritor, entre otros menesteres artísticos. Como pintor, Ernesto Ríos se adentra en el mundo de la fantasía, el color y la composición para desentrañar el lenguaje que hay detrás de las pinceladas de Jorge Enrique Torres Blanco, conocido popularmente como Jorge Torres.

Entre otros apartes de la crítica de Ríos, me pareció interesante las preguntas referente a la obra del bogotano: “Que hay detrás de la entrega y la pasión de Torres? ¿Cuál es el pensamiento que lo rige? ¿En su silla, caballete, lienzo, en su taller, sala, habitación, en su rutina familiar y de trabajo, en su organigrama de pendientes que lo llevan a cumplir una vida ordenada o desordenada, que hay en su pensamiento cuando se sienta ante el lienzo y empieza los trazos de su próxima obra? Eso solo él lo sabe y podrá decirlo solo si él quiere y si no se lo callará.

Sin embargo la obra de arte evidencia los secretos más internos del pensamiento del artista, quizá más guardados y privados porque la pasión de la creación es para eso mismo, como una descarga emocional, un desahogo de los deseos, como una poesía sin palabras, como una muestra disfrazada de colores, como realismo detrás de una máscara y al final de cuentas la obra misma de Jorge torres es lo que nadie conoce de él si no solo él mismo y que advierte cuidadosamente para los críticos analistas de los pensamientos de los artistas:
“Uno siempre se seduce a uno mismo, soy un seductor. Me reflejo en el agua. El orgasmo de la compañera es la satisfacción de mí mismo”...Jorge Torres.

A como lo describe Fernando Guinard, “En los años 80, cuando Jorge Enrique Torres Blanco realizó las pinturas, acuarelas y gráficas de esta exposición virtual, deambulaba por la Escuela de Artes de Bogotá; el taller de Umberto Giangrandi, ubicado en la zona de tolerancia del centro, y la Gorgona, residencia universitaria ubicada dentro de la Universidad Nacional de Colombia”.

Y no hablamos de las aventuras amorosas de Jorge Torres cuando hacía el amor en las ramas musgosas de las acacias de la Universidad Nacional, donde daba rienda suelta a sus cabalgatas amorosas, y de donde se caía con las nalgas pintadas de verde musgoso y picaduras de hormigas molestas.”

Y no hablamos del complejo de Edipo de Jorge Torres. El de la costurera que aparece en su pintura como fantasma vigilante.  El amor eterno. Su madre, que lo arrulla con el sonido hipnotizante de una máquina de coser hasta dejarlo exhausto. Él, mientras penetra los umbrales de su amada, que no es otra que todas sus amadas, pasadas, presentes y futuras, desea volver al vientre materno, por siempre, hacia la nada.”

Jorge Torres es descubierto al desnudo en su plasmación pasional jugando con los elementos que en tiempos de siempre lo hicieron vivir y sobrevivir, y todo corre entre los caminos escabrosos, emocionantes y peligrosos de todo hombre, hacia los interiores de las piernas de ella y llegando a levantar con los dedos la prenda más íntima para que el temblor de la piel provoque la explosividad de color y calor, pasión y derroche de energía corporal y plástica en los más ocultos lugares de su adolescencia y su taller, callado presente y quizá futuro.

 El arrullo del sonido de la máquina de coser y el cuidado amoroso de su madre relacionado también con la femenina forma de recabar fondos para su motivación inspirativa, los espacios para la intimidad, para los sueños.

Yo no hablaría de Putas ni de burdeles aunque éstos hubiesen marcado a Jorge en sus tiempos mozos y sean elementos más que importantes que mueven todo el sistema nervioso en el momento emocional de la creación porque esa es la historia de muchos artistas si no es que de todos, porque esa es la sensibilidad procesadora común del talento y porque su disciplina y su métrica le limpian cualquier pecado, su constructivismo propone la esencia de la belleza del ser humano y su misma naturaleza.

como lo dijera María Zambrano. Jorge Torres no vive en la época que vive, vive en otra: en su arte. Y no ve las cosas tal como son, sino cómo es él. Como artista, su sensibilidad lo hace vivir tercamente donde desea  y se atreve  a decir que la máquina es azul o que la atmósfera es amarilla.

Entonces su arte es su medio para comunicarse, tanto sentimental como ideológicamente, con sus visiones y no solo con manchas como los abstractos que representan en el lienzo el sentir sin título, sin significado de claridad lógica; sólo formas y colores. 

No significa que Jorge deba ser un filósofo omnisciente, sólo que el arte es más útil y magistral como medio de expresión que como plástica pura. A veces se nos pregunta ¿Qué significa esta figura?, insinuando que alguna idea nos llevó a realizar esas líneas exóticas, entonces, respondemos que siendo un sentir no hay idea, sólo un impulso, intuición, provenientes de un lugar de nuestro ser, desconocido, manejando automáticamente tal vez por Dios que nos otorga el “don” sin explicarnos el porqué.


Podría apostar que Jorge Torres como pintor se vale de su capacidad intelectual vinculada con su sensibilidad artística pero estoy seguro que él mismo discute con él sobre que pueden significar sus propias obras.


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