Del grafito a la conciencia global: Consuelo Niño Fracica una artista colombiana que une emoción, materia y paz
Por Mary Vega Coronel
En el panorama del arte contemporáneo colombiano, la pintora y escultora Consuelo Niño Fracica se consolida como una voz sensible y reflexiva cuya obra trasciende lo estético para convertirse en un puente emocional entre humanidad y naturaleza. Su participación protagónica en la exposición colectiva internacional “Conciencia Ambiental y Paz”, que se realizará en marzo en Colombia y en abril en la India bajo la organización de la Asociación Internacional Arte Sin Fronteras por la Paz (ASFP) y el Hariom Modern Art Centre de Haryana, reafirma su presencia como una creadora capaz de dialogar con públicos diversos desde la fuerza expresiva de la imagen.
Nacida en Sogamoso, Boyacá, y radicada desde hace 34 años en
Cali, Niño Fracica ha construido una trayectoria artística paralela a su
profesión como optómetra, demostrando que la mirada científica y la
sensibilidad estética pueden converger en un mismo horizonte creativo.
Su formación comenzó en 2002 en la Academia Labrada y
continuó durante quince años en la Academia Guillermo Ruiz, proceso que
consolidó en 2024 al retomar estudios. Entre 2020 y 2023 profundizó en el
dibujo en Bogotá con el maestro Mauricio Zequeda, etapa que fortaleció su
dominio técnico y su capacidad de observación minuciosa.
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| Consuelo Niño Fracica, -Huellas de la naturaleza-, Grafito sobre papel, 40x40, 2022, Colombia |
La obra con la que participa en la muestra, “Huellas de la
naturaleza” (grafito sobre papel, 40 x 40 cm, 2022), sintetiza su búsqueda
artística. En la imagen se observan dos manos envejecidas, surcadas de pliegues
y texturas, que sostienen con delicadeza una flor amarilla. El contraste entre
el realismo monocromático del grafito y el color vibrante del elemento vegetal
genera una tensión simbólica: la fragilidad humana frente a la vitalidad de la
naturaleza.
Las manos, trabajadas con una precisión casi escultórica,
evocan tiempo, memoria y experiencia; la flor, en cambio, introduce una
irrupción de vida, esperanza y renovación. Esta dualidad convierte la pieza en
una metáfora visual sobre la responsabilidad humana de proteger aquello que aún
florece.
El interés de la artista por las emociones humanas tiene
raíces en su investigación del lenguaje escultórico. Su práctica se centra en
el modelado de bustos y figuras donde la textura se vuelve protagonista.
Arcilla, yeso, marmolina, resina, metales y fibras constituyen un repertorio
matérico que le permite explorar superficies y sensaciones táctiles,
trasladando a la tridimensionalidad la intensidad psicológica que también se
percibe en sus dibujos. Para Niño Fracica, cada material posee un carácter
expresivo propio y dialoga con la intención emocional de la obra.


