María Bertha Paloma de Díaz: Trayectoria, Sensibilidad y Naturaleza en Diálogo Internacional

 


En el marco de la exposición colectiva internacional Conciencia Ambiental y Paz, que se celebrará en marzo en la India y en abril en Colombia bajo la organización de Hariom Modern Art Centre de Jamalpur, Haryana, y Arte Sin Fronteras por la Paz (ASFP) destaca la participación protagónica de la pintora colombiana María Bertha Paloma de Díaz, conocida artísticamente como Bertha Palomá, una creadora cuya obra revela la profunda conexión entre memoria, territorio y sensibilidad ecológica.

Nacida el 25 de enero de 1952 en Natagaima, Tolima, su historia se inicia en un entorno rural donde los colores del paisaje, los ritmos de la naturaleza y la vida campesina marcaron su imaginario visual desde la infancia. Aquellas primeras impresiones sensoriales se convirtieron con el tiempo en la base conceptual de su producción pictórica.

Detrás de su mirada calmada y su aparente timidez, se esconde una mujer con vocación artística temprana, que eligió inicialmente el camino de la educación, formándose en la Universidad de la Amazonia como Licenciada en Ciencias Sociales con especialización en desarrollo educativo y pedagógico infantil.

Durante años ejerció como docente en los departamentos del Huila y Caquetá, experiencia que moldeó su visión humanista y fortaleció su sensibilidad hacia la formación integral del ser humano.

Su dedicación profesional no impidió que mantuviera vivo su vínculo con el arte. Por el contrario, durante más de una década ha profundizado su aprendizaje mediante cursos y talleres con diversos maestros, proceso que le permitió consolidar una identidad estética definida y una técnica depurada.

Actualmente radicada en Neiva, participa activamente en espacios culturales y colectivos artísticos como Asomaespen y la Asociación Cultural Arte Sin Fronteras por la Paz, plataforma desde la cual ha exhibido su trabajo en muestras internacionales realizadas en Colombia, Perú, México y España, sumando ahora su próxima presencia en India.

La obra seleccionada para la exposición, titulada Armonía de mi tierra (óleo sobre lienzo, 60 x 40 cm, 2026), sintetiza su evolución artística y su mirada poética del entorno. Se trata de un paisaje campesino colombiano de inspiración impresionista donde el color cumple un papel narrativo.

En la composición se observa un río sereno que atraviesa el plano central, reflejando tonalidades suaves que contrastan con la intensidad cromática de la vegetación circundante. A los lados, árboles frondosos y arbustos floridos enmarcan la escena, mientras al fondo emergen dos casas de techos rojizos que introducen presencia humana sin alterar la calma natural.

El tratamiento de la luz es uno de los aspectos más destacados. La artista emplea pinceladas sueltas y superpuestas que generan vibraciones cromáticas, sugiriendo movimiento atmosférico y profundidad espacial. Los verdes intensos, los rojos vivos y los ocres cálidos construyen un equilibrio visual que transmite sensación de plenitud.

En “Armonía de mi tierra” no se trata de una representación literal del paisaje, sino de una interpretación emocional que traduce la experiencia íntima del territorio en un lenguaje pictórico accesible y evocador.

El río, eje compositivo de la obra, puede leerse como símbolo de continuidad y vida; las casas, como metáfora de arraigo; y la vegetación exuberante, como manifestación de la fertilidad natural. Esta triada visual configura un mensaje implícito: la armonía entre humanidad y naturaleza es posible cuando existe respeto mutuo. Tal lectura dialoga directamente con el espíritu de la exposición, orientada a promover conciencia ambiental a través del arte.

La presencia de Bertha Palomá en esta muestra internacional no solo representa un logro personal, sino también una afirmación del papel del arte regional dentro del escenario global. Su trayectoria demuestra que la creación artística no depende exclusivamente de circuitos académicos o comerciales, sino de la perseverancia, la observación constante y la fidelidad a la propia visión estética. Cada obra suya es resultado de años de contemplación silenciosa, de memoria sensorial y de compromiso con el entorno.

En un tiempo en el que el mundo busca nuevas formas de reconciliación cultural y ecológica, su pintura se erige como un puente simbólico entre continentes. Desde Natagaima hasta Haryana, su lenguaje visual trasciende fronteras y recuerda que la belleza del paisaje no es solo un motivo artístico, sino un llamado a preservar la vida que lo habita. Así, María Bertha Paloma de Díaz reafirma con su obra que el arte, cuando nace de la autenticidad, puede convertirse en un acto de paz.