Por Manuel
tiberio Bermúdez
La prensa del mundo ha señalado que,
sin todavía haberse dado el pitazo inicial de la Copa Mundial de Fútbol 2026, ya
se encendieron las alarmas de un escándalo judicial. Según los informes fiscales de New York y New
Jersey han citado a la FIFA, acusada de engañar a los aficionados e inflar
artificialmente los precios de las entradas.
Todo apunta
a que las entradas para los partidos cuestan de tres a cuatro veces más que en torneos anteriores y
las de la final llegan a ser ocho veces más caras. Es decir, un espectáculo que
se consolidó como popular lo han convertido en un consumo de lujo, inaccesible
para grandes mayorías.
Los hinchas
más fervorosos lanzan improperios contra lo que denominan la mercantilización
de un deporte que tradicionalmente ha sido de masas.
Según
investigadores, la situación es crítica, pues se han reportado precios de reventa
que alcanzan cifras superiores a los 2 millones de dólares. Estos precios de la
boletería excluirán a muchos aficionados que guardarán sus ímpetus de gol para
otra ocasión.
Y para
agravar el asunto, los llamados “precios dinámicos” en 90 de los 104 partidos
se convierte en una compuerta de exclusión para cientos de amantes del fútbol.
Pero, ¿qué es eso de los precios dinámicos? Fácil:
los precios de las entradas no son fijos; los regula la demanda según la
importancia del partido. Como resultado, los precios juegan al yo-yo: suben de
manera ostentosa en los partidos más atractivos. Es decir, que los de billetera
más abultada serán los que tendrán la capacidad para acceder a esos partidos y convierten
el espectáculo en juegos de élites.
Lo que desde
siempre se consideró un deporte de masas ahora se ha transformado en un espectáculo
reservado para billeteras abultadas.
Los
aficionados de pecho al aire y grito herido, es decir, la clase popular, tendrán
que limitarse a los partidos por la televisión…que no es lo mismo. En definitiva, el Mundial se ha convertido en
un espectáculo de lujo donde predomina el negocio y ha dejado por fuera «la
fiesta popular».
Mientras que
en los Estados Unidos reina la especulación, Canadá se perfila como el país que
ofrece una oportunidad. En ciudades como Vancouver y Toronto, la boletería
tiene precios justos. Según lo señalan
los medios, la hospitalidad y la organización han convertido la fiesta del gol
en un verdadero encuentro que da predominio al carácter popular del fútbol.
Este hecho
trasciende lo deportivo y afecta la imagen de los anfitriones hoy señalados
como mercaderes del fútbol y no como anfitriones de la fiesta de
multitudes.
