Cada vez que
uno recorre los senderos del fútbol, encuentra historias que rayan en lo inverosímil.
En 1970,
Colombia y el mundo volcaron su atención en un joven rubio que llegó a nuestro país
para un partido amistoso. Su equipo se estaba preparando para la altitud antes
de viajar a México, cuya altura es similar a la de Bogotá.
Bobby Moore,
considerado uno de los mejores defensas en la historia del balompié, fue
capitán de la selección inglesa en 90 encuentros y estaba reseñado como una de las grandes figuras que participaría en el
Mundial de México 70. Pero un suceso extrafutbolístico lo puso en la mira de la
prensa nacional e internacional y se
convirtió en un evento diplomático sin precedentes.
El 18 de
mayo de 1970, Moore y dos de sus compañeros ingresaron a la joyería Fuego Verde, ubicada en el Hotel
Tequendama, donde se hospedaban; Bobby Charlton y otro jugador le acompañaban.
Los deportistas se rindieron ante la belleza de un brazalete de oro de 50
gramos, adornado con dos esmeraldas y doce diamantes de gran calidad. El valor
de la joya era de 1.500 dólares de la época.
Luego de
la visita, Clara Padilla Morales, quien atendió a los clientes, reportó la
desaparición del brazalete. El hecho se convirtió en el tema del momento y una
noticia local de prensa se transformó en un escándalo global.
Un caso de diplomacia
Clara
Padilla nunca se retractó de la acusación; sostuvo siempre que ella había visto
como Bobby Moore tomó el brazalete y lo introdujo en un bolsillo de su chaqueta.
Los ingleses para demeritar la acusación, se defendieron diciendo que las
chaquetas no tenían bolsillos; pero los reportes de la época señalan que las
chaquetas tenían por lo menos uno. Que los futbolistas lucieran luego otras
chaquetas sin bolsillos llevó a pensar que las mandaron a hacer así para evadir
la acusación.
El 25 de
mayo, el avión rumbo a México —tras jugar un amistoso en Ecuador— hizo una escala en Bogotá y Moore fue
arrestado. La estrella del momento debió pasar una noche en la cárcel, lo que
disparó los comentarios en la prensa mundial.
Un hombre
de la calidad futbolística de Moore tuvo muchos escuderos que quisieron defenderlo,
entre ellos su entrenador Alf Ramsey, quien señalo: «Si Moore quisiera, podría comprar la joyería y el hotel completo»,
aduciendo que Bobby no tenía necesidad de tomar la alhaja.
Ante lo
complejo de la situación, Alfonso Senior Quevedo, presidente del equipo
Millonarios y máximo dirigente del fútbol colombiano, ofreció su casa para que
Moore cumpliera un arresto domiciliario mientras se aclaraba la situación. Fue
custodiado por detectives del antiguo DAS. Dicen que los detectives, abusando
de la hospitalidad, se bebieron el licor que había en la casa del dirigente
deportivo y que incluso, uno de ellos fue quien se llevó una de las pelotas con
las que practicaba Moore. El objetivo del detective era, posteriormente,
realizar con la pelota un ritual porque estaba convencido de la inocencia de
Clara Padilla, a quien acusaban de inventarse la historia del brazalete.
Los balones blancos
Inglaterra
viajo a México sin el capitán del equipo. Mientras Moore, intuyendo que pronto
volvería a su actividad entrenaba constantemente para mantenerse en forma. Para
hacerlo, uso un buzo de Millonarios y, como caso inusual, pidió que los balones
fueran de color blanco.
Uno de las
pelotas era de marca Fulvence con
letras doradas. Moore hizo bromas cuando le comentaron que era de fabricación argentina.
Recordó el partido de 1966 en el que Inglaterra eliminó a Argentina y durante
el cual se dio la controvertida expulsión de Rattin.
En ese
partido, inexplicablemente, expulsaron
al capitán de la selección Argentina Antonio Rattin y él como protesta se demoró
en salir de la cancha. Hizo gestos y movimientos desafiantes, retorció el
banderín de córner que tenia los colores de Gran Bretaña y pisoteó la alfombra
que conducía al palco real. El estadio en coro empezó a gritar «animales» a los
jugadores argentinos que seguían sorprendidos con la injusta expulsión de su
capitán.
A Moore, le parecía irónico que estuviera
entrenando y que una de las pelotas fuera de fabricación argentina.
La maldición del fuego verde
Tras el
suceso, Clara Padilla, la mujer que señaló a Moore como el autor de la pérdida
del brazalete, recibió amenazas y humillaciones que la obligaron a exiliarse en
los Estados Unidos.
Nació
entonces lo que se denominó «La maldición del fuego verde» que señalaba: «hasta
que el jugador no pida disculpas a Clara por el daño que le causó, Inglaterra
no volverá a ganar un mundial».
Parece
que la «maldición» se hizo efectiva ya que la selección inglesa jamás ha vuelto
a obtener un título en un campeonato mundial de la FIFA como el que se está
jugando actualmente.
Pero ahí
no paran las rarezas que surgieron en el episodio con Bobby Moore. Aseguran que
para los entrenamientos que realizaba, el astro exigía que le proveyeran
pelotas de color blanco. Nadie sabe el motivo de esta exigencia y algunos
señalaron que se debía a que el uniforme de la selección de Inglaterra era de
ese color.
La leyenda del Bar Mozambique
Concuerdan
los relatos en que Moore se apasionó con una de las pelotas de fabricación
argentina marca Fulvence y, para
sorpresas del destino, 16 años más tarde, en 1986, Argentina e Inglaterra se enfrentarían en un
partido que hizo historia ya que de fondo estaba, además del conflicto de Las
Malvinas, la revancha por el partido de 1966.
Surge
entonces una nueva leyenda que asegura que una de las pelotas usadas por Moore
fue a parar a un bar que tenia por nombre Mozambique,
propiedad de Senén Mosquera jugador de Millonarios y que con ella
realizaron un ritual de magia negra que impedía a Inglaterra ser campeona
nuevamente hasta tanto no se pidieran disculpas a Clara Padilla y se revelaran
los tres nombres de los jugadores ingleses que ingresaron a la joyería.
Surgió
una canción en ritmo de salsa que nunca se divulgó y que lleva por título «Brazalete de fuego». El nombre no podría
ser más acertado ya que combina el incidente del brazalete con el de la joyería
en el que se realizó el supuesto robo. Fue compuesta en el Bar Mozambique de
Bogotá e inspirada en una canción del compositor mexicano Gonzalo Curiel. En
alguna de sus estrofas dice:
«Necesito una pelota blanca
para hacer magia negra
y que a Clara se le exculpe de su
dura sanción».
La
maldición fue doble. Es decir, que para que la selección inglesa volviese a
tener posibilidades futbolísticas como campeona del mundo deberían cumplirse
dos condiciones: que se pidiera una disculpa pública a Clara Padilla y que la
pelota blanca apareciera porque en ella están los nombres o las iniciales de los tres
jugadores que ingresaron a la joyería pues solamente se conoce el de dos de
ellos. Los participantes en el ritual se emborracharon y la pelota quedó en
algún rincón del Bar Mozambique pero nunca volvió a aparecer.
¿Broma o sarcasmo?
Al
parecer el biógrafo de Moore dijo que Clara era inocente y muchos señalan que el
hecho podría semejarse a una disculpa formal. Así mismo Clara Padilla, antes de
morir el 25 de febrero de 2025 por causa de cáncer, dijo que «estaba tranquila porque finalmente se había
reconocido su inocencia en el caso del brazalete». De ser así queda la
segunda parte de la «maldición» pues aun la pelota blanca no aparece.
En 1972 se
cerró el caso Bobby Moore. Este 5 de
julio de 2026 durante el Mundial, cuando Inglaterra enfrente a México, el mundo
sabrá si «la maldición del fuego verde» estará
en trance de extinción o habrá que
esperar hasta aparezca la pelota blanca.
Las
preguntas que deja la historia son: ¿Sera posible creer que en una pelota de
cuero blanco fabricada en Argentina en la década de 1960 se revele la solución
para que Inglaterra vuelva a ser campeona mundial?
Paradójicamente,
podríamos estar frente a un acto de justicia con la mujer que atendió a los
tres jugadores ingleses el día del presunto robo, e irónicamente, frente a una
revelación mágica, para que los ingleses vuelvan a ser campeones mundiales.
