 |
| Miguel Polania y Fidela Losada Flórez |
FideArte: una casa museo para la memoria que apuesta por el
turismo cultural en Rivera Huila
Por Miguel de León.
En su conocido libro "De lo espiritual en el
arte", el pintor Wassily Kandinsky se preguntaba, “¿son absolutamente
necesarias para la composición las figuras humanas o podrían cambiarse por
otras formas orgánicas sin alterar el sonido básico interior de la
composición?”, es decir, las figuras humanas u objetos reales son absolutamente necesarios por su
significado literal, o más bien, hay que crear "formas orgánicas" que
pueden ser sustituidas por otras sin alterar la sonoridad interior o el ritmo
de la composición.
En el caso de Kandinsky el habla de sonoridad interior es
decir del ritmo que toda pieza de arte lleva consigo y que permite mirarla como
un objeto artístico. Y cuando uno habla con la pintora huilense Fidela Losada
Flórez, ella habla es de “emociones”, para ella, las formas y colores dialogan
con el alma, más allá de lo que representan objetivamente. Por eso, sus piezas
están cargadas de colores que son los que controlan esas emociones y crean la
sonoridad que reclamaba el pintor. La idea de sustituir la figura humana por
formas orgánicas fue el puente definitivo de Kandinsky hacia la abstracción
pura y es justamente la esencia de la obra de Fidela, desde el momento que
realizo su primera exposición en el 2013 en Galicia, España.
En esa época la abstracción era más suelta, más rítmica y
creaba la idea de espacios cósmicos, por eso se llamó justamente Espacios. Ya
después con más calma su trabajo se volvió más orgánico, más cercanos a la
naturaleza, pero igualmente cargado de color. “El arte es un puente que conecta
los sentimientos más profundos”, expresa Fidela al hablar sobre la inspiración
detrás de su obra. Y justamente, algunas piezas de este periodo y muchas más
del universo creativo de Fidela, reposan en su Casa Museo, inaugurado el pasado
3 de junio en Rivera, Huila. Son más de cien obras elaboradas en técnica
acrílica, composiciones donde el color parece respirar con autonomía propia y
“donde las formas dialogan con la memoria, el territorio y la identidad”, al
decir de Cesar Rincón.
La muestra de las piezas de arte, están acompañadas de una
especie de archivo personal de la historia artística de la autora: libros,
catálogos, afiches, entrevistas, recortes de prensa, homenajes, certificados y
reconocimientos acumulados durante décadas de trabajo. Y ese material, es el
que permite que el maestro Emiro Garzón la llamara “La Artista Andante”, porque su obra ha
viajado, porque su nombre ha cruzado océanos, porque sus pinceles han sabido
abrir puertas donde antes solo existían distancias. Otra faceta de la artista
es el homenaje que hace de su esposo fallecido Miguel Ángel Cabezas González, a
través de poemas y escritos suyos. Lo que Fidela Losada muestra no es cualquier
cosa; cien exposiciones registradas, quince países y una vida dedicada al arte.
En esta casa museo, el arte dejó de ser únicamente
contemplación para convertirse en celebración, encuentro y legado. Pero el
compromiso es mayor, el arte pasó de la contemplación pasiva a la acción
transformadora. Se convirtió en un medio fundamental para tejer comunidad,
educar y construir paz. La aparición de una casa museo con estas
características se convierte en una apuesta seria por el turismo cultural y por
la construcción de memoria artística en el departamento. Será que los “dueños”
de Rivera, dejaran pasar esta oportunidad, así como han dejado pasar a lo largo
de los años la posibilidad de hacer un proyecto vivo la memoria de José
Eustasio Rivera.