Por Manuel Tiberio Bermúdez

En los vericuetos del fútbol, surgen relatos que suelen pasar inadvertidos. Los guayos, pieza esencial del fútbol han evolucionado notablemente con el paso del tiempo.

Inicialmente, buscaban proteger los pies. Con el tiempo se transformaron en el segundo elemento más importante del juego, después de la pelota. 

Los primeros guayos podían pesar hasta un kilogramo al mojarse. Hoy tienen la levedad de un pañuelo de seda: apenas 190 gramos por zapato. Son ultraligeros, con tecnología de ajuste sin cordones, suelas de fibra de carbono, y texturas que mejoran el control de la pelota y la velocidad. El jugador que los lleva mejora la agilidad, la velocidad y evita la fatiga en partidos largos.

Guayos blancos

La historia señala que fue la marca danesa Hummel la que, rompiendo la tradición del color negro, decidió vestir a Alan Ball, del Everton con unos guayos blancos. La innovación generó burlas que complementaban con patadas a quien los llevaba, pero abrió una nueva propuesta en la estética de los guayos.

Hummel contrató a Brian Hewitt, experto en la industria deportiva, para impulsar las ventas de sus guayos. El hombre contó que pidió que pintaran los guayos del jugador de color blanco. Así fue como surgieron los primeros guayos blancos en el mundo del balompié.  

A Ball le ofrecieron un contrato de 2000 libras a cambio de poder serigrafiarlos y bautizarlos con su nombre y, obviamente, la condición de que el jugador las usara en los partidos. 

Alan acepto pero había un problema: la calidad de los botines era mala. La solución fue rápida y efectiva según contó Hewitt: «tomamos las botas Adidas que Ball, usaba y las pintamos de blanco. Luego bordamos los logotipos de Hummel». Fue la primera vez que se usaron un par de guayos de futbol de color blanco. El partido fue entre el Chelsea y el Everton en el mítico estadio de Wembley, en Londres. El marcador fue 2-1 pero el golazo real fue el pedido de miles de pares de guayos que la Hummel recibió luego del partido.

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¿Y a que viene esta historia?

La historia tiene que ver con Bobby Moore, capitán de la selección inglesa ya que Allan Ball, presuntamente, es el tercer hombre que acompañaba a Moore cuando el incidente del brazalete ocurrido en la joyería Fuego Verde, en Bogotá. Recordemos que Moore estuvo «consignado» mientras se resolvía su situación jurídica en la residencia del dirigente deportivo Alfonso Senior.  Entrenaba con pelotas blancas y una de ellas de marca Fulvence y fabricación argentina, le causó mucha curiosidad ya que tenía tres «chevrones» como si le recordaran el número de personas que habían estado en la joyería. Bobby contó a algunos de sus compañeros sobre esta experiencia. Para Moore era irónico que la pelota fuera de origen argentino dado que existían «cuentas pendientes» desde el mundial de 1966. Moore bromeaba sobre el origen del balón.  Es aquí donde la historia se entrelaza de manera especial.

La pelota blanca de letras doradas y de tres «chevrones» que causaron curiosidad a Moore y con la que entrenó en Bogotá, termina derivando hacia los guayos blancos que usara Allan Ball seguramente inspirado en la historia de su amigo y el afecto especial que tuvo por la pelota blanca.

Algunos detalles hacen pensar en un código secreto compartido entre Moore y Ball en recuerdo del suceso en Colombia. La pelota con la que Moore entrenaba tenía tres chevrones o compases abiertos. Este logo se convirtió en parte fundamental para develar el misterio. Los chevrones de la pelota parece que representan a las tres personas que entraron a la joyería mientras que los de los dos de los guayos blancos de Allan Ball sugerirían que la tercera persona fue omitida intencionadamente.

Estos detalles en las piezas revelaban como los dos elementos: el balón de Moore y los guayos de Ball se cruzan en un suceso especial.  Llevan  un mismo lenguaje gráfico y de color para dar continuidad a la historia que ellos bien conocían.

Con los guayos blancos, Ball estaba recordando la complicidad de un momento único en la vida de los jugadores y, de paso, rendía homenaje a Moore y su fascinación por la pelota de color blanco, letras doradas y el logo de los tres chevrones en aquel momento difícil de su vida. 

El origen del logotipo con los chevrones es difícil de rastrear. No se sabe si el diseño era argentino o inglés. Se puede concluir que como Hummel era una marca más antigua pudo ser que Fulvence, se haya inspirado en el logo de Hummel añadiendo un tercer compas abierto.

Algunos observadores señalan como una coincidencia del destino que el apellido «Ball» que significa «pelota» conecte directamente con el balón que se ganó la atención de Moore por la estética de la pelota blanca con letras doradas y el logotipo de los tres chevrones. Los guayos blancos de Ball, cierran la historia simbólicamente para los protagonistas.

Los códigos y símbolos guardan los rastros de un relato oculto. Ellos guardan más historia que la historia misma y permiten que una historia sea contada de otra manera y donde los significados están reservados para quienes saben descifrar los contenidos.

Lo cierto es, es que el misterio no se resolverá hasta que aparezca la misteriosa pelota blanca que contiene los tres chevrones y las iniciales o los nombres de quienes realmente participaron en el incidente en Fuego Verde.

Mientras tanto las historias del fútbol seguirán guardando grandes misterios.

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