Por Manuel Tiberio Bermúdez

Ama la textura de la tierra, los sonidos de la selva y las plantas que la habitan.  Sabe del rumor del mar de donde viene.

Es una mujer que crea sus obras con los elementos que tiene a mano. No le gustan los artificios de los pigmentos comerciales con «olor químico» que no tienen la belleza de los colores que ofrece la naturaleza.

Sabe que algunas plantas guardan en sus hojas o frutos tonos con los que puede representar el mundo que la maravilla y que quiere compartir en cada trabajo.

Quienes observan sus cuadros, se sienten atraídos por la simplicidad. En ellos canta la selva y se descubre la belleza de la gente negra. De paso, enseña la cotidianidad afro del Pacífico.

Graciela Viveros Arboleda, «Chela», cuyo nombre significa «la que tiene gracia», según los estudiosos de la onomástica tienen gran sensibilidad, empatía y fuerte sentido de la armonía; sobre todo, una inclinación natural hacia el arte.

En el caso de nuestra entrevistada las descripciones vienen como hechas para ella. Es oriunda de un puerto olvidado, pero que otro bonaverense de grandes merecimientos pusiera en la boca del mundo: Buenaventura.

Habla con la musicalidad que pone el ritmo de las olas en sus palabras. Responde con la sencillez de quien aún la ciudad no ha contaminado de poses que desdibujan la naturalidad de los seres humanos.

—Soy desplazada resistente y por esas circunstancias vine a parar a Cali. Como tengo algunas amigas que conocen mi trabajo y que son impulsadoras de la cultura y del arte, hablaron con las directivas del Grupo de Artistas del Peñón. Envié las fotos de mis obras y me abrieron un espacio en esta bella galería dominical en la que se convierte este parque caleño.

Noto que su trabajo tiene una propuesta diferente en los trazos, en los materiales que usa, y le pregunto: ¿Cómo elabora su pintura?

—Mi pintura se basa en obtener los pigmentos de estratos naturales. Las arcillas, las tierras extraídas de las minas de oro de Buenaventura aglutinadas con resina de árboles de mi región. Para la combinación de los colores uso pigmentos naturales de flores, hojas o raíces.  No uso colores comerciales.

¿Cómo fueron sus inicios en la pintura?

Desde pequeña siempre me incliné por la pintura, pero como estas prácticas no hacen parte de la cultura pacífica, ni mis padres, ni mis abuelos me prestaron atención.

Resulta que mi abuela pintaba sus sábanas con pintura para tela. Yo la veía realizando esa labor y pensaba que yo era capaz de hacer algo parecido; pero no me dejaban porque pensaban que yo les iba a dañar las telas.  Ella compraba un patrón lo calcaba, pero yo notaba que la pintura era plana, que no tenía matices.

Un día, de tanto rogar, me dieron una funda de una almohada pequeña para que la pintara. Seguro pensaban: «si la daña no pasa nada», —dice riendo.



Cuando vieron el resultado se dieron cuenta que las mías eran mejor que las que ella pintaba. Yo le daba matices pues observaba en el campo, examinaba las flores, miraba las texturas, me fijaba en las sombras. Desde aquel momento empezó mi pasión por la representación de lo que veía en el entorno, pero como mujer del campo y del Pacífico esas cosas no se toman en cuenta.

Me dedicaba a ayudar  en las tareas a los amigos. Fui creciendo con ese talento. Luego fui madre comunitaria y yo era la que hacía las decoraciones, ayudaba a los niños del colegio y así fue transcurriendo mi vida en el campo.

Graciela habla con propiedad, de trazos,  pigmentos, perspectiva, lo que me hace suponer que ha tenido alguna formación artística a lo que me responde:

—No, yo no tengo ninguna formación artística, yo soy autodidacta. Por el contrario cuando comencé a hacer pinturas con tierra me dijeron que estaba loca. Argumentaron que cuando se había visto a alguien pintando con tierra, pero yo había observado documentales de las pinturas rupestres y otros temas y pensaba: «¿si ellos lo hicieron, por qué yo no?».

Alguna vez fui a visitar las minas de oro porque me habían dicho que, por primera vez, habían llevado maquinaria pesada unos paisas y que al irse habían dejado destrozos terribles. Yo quise ir a ver. Claro que había destrozos: una piscina súper enorme y yo pensé: «si alguien viviera acá le echarían peces y haría un criadero». —Siempre pensando en la supervivencia —dice.

Cuando miré las formas de la tierra —porque habían dejado unos arrumes enormes— y como la lluvia había contribuido a hacer esas formaciones pude observar mejor la tierra acumulada. No me imaginaba que tuviera tantos, tan diversos y bellos colores. Cuando yo le decía a la gente que vieran la belleza de los tonos de la tierra me respondían: —Vos te enloqueciste.

Llevé varias porciones de tierra para la casa. Pensaba era en cómo aglutinarlos con algo natural para poder pintar y que perdurara. Estuve mucho tiempo probando pero no me salía hasta que un día se me ocurrió echarle leche de «Popa», que yo tomaba para la gastritis y que es la resina de un árbol de nuestras selvas.

Probé en varios soportes: tablas, cartulinas etc., hice varias pinceladas y la guardé. Pasaron unos tres meses y una tarde volví a ver lo que había hecho y me di cuenta que esa era la fórmula.

Empecé a utilizar estas mezclas y a realizar algunos trabajos pero no para vender o mostrar sino para personas que requerían algunos dibujos para las tareas de sus hijos.

¿Cómo se descubre pintora?

Ah, eso fue una amiga. Yo inicialmente trabajaba artesanías con la fibra natural de palma de jícara. Un día ella vio una de mis pinturas y me dijo:

—Pero si vos sos una artista. ¿Qué haces aquí? Pinte y busque la forma de salir adelante.

Yo le respondí que eso era para los que habían ido a una universidad o habían estudiado en Bellas Artes. Pero otras personas también me animaron y mis amigos que siempre han creído en mí y me han apoyado en mi trabajo.

Sobre algunas de sus exposiciones señala: —En Buenaventura en el Hotel Estación, en el Centro Cultural Calunga. También participé en Imagen Regional con una obra de 1,80 m. x 1 metro,  que titulé Mi vida. Es una cartografía en la que aparece mi cuerpo y ahí en él están todos los recuerdos que tengo de mi infancia hasta ese momento.

Luego me inscribí en la convocatoria de la Fundación BAT y mi trabajo fue escogido entre las 150 que quedaron para hacer itinerancia por las principales salas del país. Entonces pensé:

—Ah, bueno como que si soy artista.



¿Qué dicen las personas de su trabajo?

Que es un buen trabajo, que hay mucha creatividad en él. Como no he tenido mucha formación, dicen cómo es posible que una persona sin capacitación académica realice trabajos con resultados tan bien logrados en textura y forma.

¿A dónde quiere llegar con su trabajo artístico?

A mí la fama no me interesa. Me interesa hacer obras pues cuando pinto es como si cada trabajo fuera parte de mi vida ya que ir hasta las minas en la situación en la que estamos, significa mucho para mí. Es una pasión que disfruto. Y claro, con la edad que tengo quisiera también poder vivir de esto.

¿Qué herramientas utiliza diferentes a los artistas tradicionales?

Yo utilizo mayormente mis manos como si fueran pinceles. De vez en cuando utilizo pincel, pero si no lo tengo a mano, con la punta del «cabecinegro» que es una fibra con la que yo trabajo, con eso delineo y hago trazos.

¿Cuénteme qué tipos de plantas son las que usted usa?

Por ejemplo, el «cabecinegro» es una fibra que cubre el fruto de la palma de la Jigra. También utilizo «Yerba de Adán» que da un verde precioso. Está el «Sauco» del que obtengo un verde muy especial. Hay muchas hierbas que se dan en el campo y que yo utilizo en mis cuadros y que no sé sus nombres pero que he utilizado y me dan excelentes resultados. Yo sé dónde encontrarlas y qué tipo de colores me dan.  Son parte de una investigación muy personal.

¿Cómo ha sido su debut en el Parque del Peñón?

Los artistas me han acogido muy bien y espero que mucha gente vea mi obra pues recién estoy empezando a mostrarla aquí en este bello espacio. He notado con mucho agrado que a la gente le gusta mucho mi trabajo y eso me tiene muy contenta.

¿Qué es para usted el arte?

Para mí el arte es expresión, pasión, es relax. Lo mejor del arte es que uno puede dar parte de sí pues creo que cada obra lleva algo del artista y de la región que representa. Para mí en especial a la región del Pacífico. Cada vez que alguien me compra una obra, se está llevando parte de mi región, de sus vivencias, de su cultura, de su entorno para que comprenda que allí no todo es violencia.

¿Cómo la ve su familia; recibe apoyo de ellos?

No recibo apoyo, pero si ha cambiado la forma en cómo me ven. Antes no me veían como artista ahora, sí. Por ejemplo, yo pinté mi casa en Buenaventura con tierra. Ahora no lo ven como una locura sino como una propuesta novedosa.

¿Qué le gustaría hacer y que aún no ha hecho?

Me gustaría pintar un mural al interior de un sitio emblemático de Cali; ya hice uno en la Fundación Lila Mujer.

¿Algo que quisiera agregar a esta charla?

Invito a todos los caleños a apropiarse del Parque El Peñón como un referente de las propuestas artísticas en la ciudad. Vengan a conocer personalmente a los artistas, charlen con ellos y apóyennos.

¿Qué artista admira?

Me gusta Frida Kahlo por su trabajo y porque ella pintó su vida y yo también quiero pintar algo de mi vida pasada. Ella tuvo lesión de columna, yo también y entonces pensé:

—Guau…no estoy sola en esto.

¿Le gustaría adquirir formación académica en arte?

No, por ahora no tengo interés en ese aspecto, quiero ir mejorando cada día, con cada trabajo que realice.