Aída Sanes Orrego y su obra “Curvas del Cielo”, protagonistas de la exposición United for Nepal 2026

 

Hay territorios que no se dejan leer a primera vista. Bajo su superficie permanecen las marcas de aquello que ocurrió, de lo que fue transformado y, en ocasiones, de aquello que desapareció para siempre. En “Curvas del Cielo”, obra realizada en 2026 por la artista colombiana Aída Sanes Orrego, el paisaje deja de ser una representación convencional para convertirse en una suerte de memoria visual: un territorio imaginario construido mediante líneas, vacíos, relieves y tensiones cromáticas.

 


Realizada con marcadores sobre cartón, la pieza presenta una estructura visual dominada por un campo oscuro sobre el cual se despliega una compleja red de líneas concéntricas e irregulares. Tonos rosados, terracotas, amarillos, blancos y negros construyen formas que recuerdan mapas topográficos, estratos geológicos o huellas dejadas sobre la tierra. No existe un punto único de lectura; el ojo se desplaza constantemente de una formación a otra, como si recorriera un territorio imposible de abarcar en una sola mirada.

 

La fuerza de la obra está precisamente en esa ambigüedad. Las líneas parecen señalar alturas, depresiones y accidentes del terreno, pero también pueden interpretarse como registros del tiempo. El cartográfico se transforma entonces en emocional. Cada contorno parece conservar la huella de algo que estuvo allí, mientras los espacios interiores sugieren ausencias, fracturas y profundidades.

 


El marco exterior prolonga el lenguaje de la composición y evita que el territorio termine en los límites del soporte. Esta decisión amplía la lectura de la pieza: el paisaje representado parece continuar más allá de la obra, como si aquello que se observa fuera apenas un fragmento de una geografía mucho mayor.

 

 Aída Sanes Orrego: una mirada colombiana en la exposición United for Nepal

 

Nacida en Bogotá y radicada actualmente en Valledupar, Aída Sanes Orrego desarrolla una práctica artística y de diseño situada en el encuentro entre arte, ciencia y sostenibilidad, de ahi que su investigación aborda el territorio, la biodiversidad, la memoria y las relaciones entre las personas y los ecosistemas. 

Dibujo, joyería contemporánea, arte textil, ensamblaje, collage y cartografía imaginaria hacen parte de un lenguaje multidisciplinario en el que también ocupa un lugar importante el suprarreciclaje y la exploración de los materiales.

 

En “Curvas del Cielo”, esa investigación adquiere una dimensión particularmente crítica. 

La obra nace de la observación de un territorio marcado por la actividad minera y convierte sus posibles huellas en una cartografía topográfica imaginaria. El resultado no busca ilustrar literalmente la explotación del suelo; propone, en cambio, una reflexión sobre lo que queda después de la intervención humana y sobre la capacidad de la tierra para conservar memoria.

 


Esta mirada encuentra un contexto especialmente significativo en “United for Nepal 2026”, exposición internacional de carácter solidario e itinerante que reunirá artistas de distintos países con el propósito de contribuir, mediante el arte, a una causa humanitaria relacionada con niños y adolescentes afectados por los deslaves e inundaciones ocurridos en Nepal.

 


El proyecto es resultado del trabajo conjunto de gestores como Ajaya Deshar, de Nepal; Arisbeé Muñis y Herminia Cruz Recinos, de México; César Rincón, de Colombia; Yailin Morales, de Cuba, entre otros colaboradores internacionales. La iniciativa busca canalizar recursos para apoyar el trabajo que Ajaya Deshar desarrolla con niños y adolescentes.

 

El circuito tendrá cuatro estaciones: Cuba, 15 de octubre, Galería Orlando Nodarse, Guanajay, Artemisa; Nepal, 22 de octubre, Young Picasso Gallery, Katmandú; Colombia, 23 de octubre, Museo de Arte Contemporáneo del Huila, Centro Cultural y de Convenciones José Eustasio Rivera, Neiva; y México, 24 de octubre, Ágora CEIS, Cuautitlán Izcalli, Estado de México.

 

La obra de Aída Sanes Orrego en “Curvas del Cielo”, la memoria de un territorio intervenido encuentra un diálogo inesperado con la memoria de comunidades afectadas por una tragedia. Allí reside una de las mayores posibilidades del arte: hacer visible aquello que no debe ser olvidado y transformar la creación individual en una acción colectiva capaz de tender puentes entre países y personas.